Belmar Pimentel; A la memoria de tu señor padre DEP

La intensidad del dolor no depende de la naturaleza de lo perdido, sino del valor que le atribuimos.

Por Alonso Méndez

Se fue tu señor padre mi querido amigo Julio Belmar Pimentel Amador, (mis más sentidas condolencias para ti y toda tu familia); hoy le dedico un adiós sincero a don Sebastián Pimentel Rosas, y una reflexión para el buen amigo Julio a quien deseo una pronta resignación por el ser querido que se fue, pero que se queda en el corazón de sus seres queridos y sus grandes amigos.
Amigo Belmar; cuando alguien se despide de nosotros, hasta ese momento nos asalta la nostalgia, pero cuando se va nuestro padre en un viaje sin retorno, el cerebro se bloquea, surgen sentimientos encontrados, el alma sufre y el corazón palpita lento, a veces las lágrimas están a flor de piel y otras veces se niegan a salir.

 

Hay en nuestro interior un llanto contenido, una rabia exacerbada, una desesperación que carece de control, nos asalta la soledad, a veces sentimos culpa, negación y mucha tristeza;  son sentimientos normales y sanos que aparecen cuando una persona nos deja para siempre, son valores que forman parte del proceso curativo de las heridas emocionales.

 

Mal que yo lo diga, pero en mi caso particular he perdido a muchos de mis seres queridos y de muchos de ellos guardo grandísimos recuerdos, pero amigo Belmar, cuando se fue mi señora madre sentí que Dios no me quería, sentí que todo el mundo estaba en mi contra, sentí que me moría de dolor, llegó el momento en que mis lágrimas se secaron y solo cerraba mis ojos para pensar en sus consejos, en sus cuidados, en su ternura; de eso hace más de 50 años y sigo sintiendo que fue ayer; el dolor existe en mi interior y he aprendido a vivir con él.

 

En Navidad amigo Belmar; me reúno con mis hijos y nietos; pero terminado el emocionante acto familiar, busco el lugar más solitario para estar con mis recuerdos, para sentirme en los brazos de mi madre, sentir sus manos acariciando mis cienes y escuchar sus consejos; ahí la sigo admirando, ahí la sigo amando, ya no le lloro, en su ausencia disfruto su presencia y por ello doy mil gracias a Dios nuestro señor.

 

Mi querido amigo; sirva esta modesta reflexión para desearte una pronta resignación por la pérdida de tu señor padre; entiendo; “Pero la intensidad del duelo no depende de la naturaleza de lo perdido, sino del valor que nosotros le atribuimos”, Dios te bendiga, amigo.

 

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Acerca del Autor: Alonso Mendez Suriano

Reportero con más de 25 años de experiencia en política sudcaliforniana. Fundador de FórmulaBCS y El Mensajero del Sur. Colaboró con Diario Peninsular, Diario El Sudcaliforniano, Tribuna de Los Cabos, La Opinión de Los Cabos y algunos medios nacionales. Falleció el 25 de Junio de 2017 en San José del Cabo, Baja California Sur, México.